No tengo idea de lo que podré estar haciendo cuando cumpla 30 años, es más, no soy capaz de intentarlo con los 25 -¿cuándo tenías mi edad pensabas en loque estarías haciendo cuando llegaras a los 30?-, probablemente no hay mucha relevancia el número o la cantidad de años, pero seguro, en esas décadas que los conforman habrán transcurrido los momentos en los que se descubren todas esas maravillas que más tarde se convierten en el fundamento de nuestras invenciones.
Me gusta que mi mejor amigo sea mayor que yo, me gusta serla pequeña en la relación de quienes sueñan creciendo, jugando a tambalearse, poniéndose retos con todas las trampas creadas por la adversidad o fabricadas por el ocio. Me gusta ser la pequeña, sobre todo porque quizá soy la que menos tiene algo por enseñar, pero la que mejor sabe recordarte todo lo que puede quedar de nobleza, ingenuidad y ambición en el mundo.
Me gusta que mi mejor amigo se encuentre rodeado de buenos amigos, de personas que lo aprecian y lo admiran –sin importar cuanto tiempo tengan de conocerte-, de amigos que han escuchado salir de tu mente y de tu boca bellas palabras de afecto, de consuelo y –aunque tu lo niegues- excelentes consejos, puedes llamarlo una perspectiva diferente de la realidad si así lo prefieres.
Me gusta que mi mejor amigo sea también el hombre de mi vida,el inventor de la sensualidad en mis manos y el autor intelectual de mis pensamientos más insurrectos. Me gusta que mi mejor amigo sea el compañero que va de mi mano cuando es el momento de llevar los tenis sucios, de saltar charcos de lluvia y de usar la nariz de clown.
Me gusta que mi mejor amigo haya nacido un día 14, no sólo porque es su número favorito -y desde que lo conocí mi número de la suerte-, sino porque también desde hace casi 85 años fue el número favorito del pionero de la ciencia ficción en la literatura latinoamericana. Tanto, que Borges decidió morirse un día 14… no había forma de que en su lápida se omitiera el número que redimensionó la concepción de su infinito universo.
En el libro del Aleph se podría corroborar dicha fascinación, justo hace falta que te asomes a mi librero y busques el ejemplar que me has regalado para que encuentres en el cuento de La Escritura del Dios en su penúltimo párrafo en el que nos dice:
“Es una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales) y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso…”
O podemos ir -como cada vez que tomamos el libro-, directo a La casa de Asterión y buscar el pie de página que se encuentra cerca de ser la parte más interesantedel cuento:
“El original dice catorce, pero sobran motivos para inferir que en boca de Asterión, ese adjetivo numeral vale por infinitos.”
Si partimos de lo anterior podríamos descubrir que en “La biblioteca de Babel”, “El Zahir”, y “El Aleph” el mismo juego de catorces disfrazados de infinitos se encuentra presente.
Me gusta que mi mejor amigo sea tan infinito que haya elegido con toda la sagacidad del mundo y jugándome una travesura anticipada, nacer un día 14.
